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La Veracidad
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La Veracidad | La Veracidad |
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| escrito por Fethullah Gülen | |
| 26.12.2005 | |
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La veracidad es una de las piedras angulares de la ProfecÃa. Ninguna mentira o engaño, explÃcito o implÃcito, fueron jamás oÃdos en ellos. El Corán declara: “Y recuerda a Abraham en el Libro. Ciertamente él fue un Profeta veraz” (19:41); “Y recuerda a Ismael en el Libro, fue cumplidor de su promesa, y fue Mensajero y Profeta” (19:54); “Y recuerda a Idris en el Libro, él fue veraz y Profeta. Lo elevamos a un alto lugar” (19:56-57). También leemos en el Corán que un prisionero le dijo al Profeta José: “¡José, el veraz!” (12:46) Los Profetas tuvieron que ser dotados con el don de la veracidad, ya que Allah quiere que cada uno sea veraz, y ensalce al que lo sea: “¡Creyentes! ¡Temed a Allah y estad con los veraces!” (9:119), y “los creyentes son aquellos que, habiendo creÃdo en Allah y en Su Mensajero, no dudan después; y luchan con sus bienes y sus personas en el camino de Allah. Esos son los veraces” (49:15). El Corán enaltece a los creyentes que, sin vacilación, cumplen con sus promesas: Entre los creyentes hay hombres que han sido fieles a su compromiso con Allah, algunos han cumplido ya su compromiso-y fueron martirizados-y otros esperan aún sin haber variado en absoluto (33:23). Este versÃculo alaba a los héroes de Uhud, que fue un punto decisivo en la historia del Islam. Tras ser derrotados en la batalla de Badr, los incrédulos de la tribu de Coraich, en represalia, pasaron un año entero preparándose para infringir un ataque a los musulmanes. Encontrándose en la ladera de la Montaña de Uhud, a unos pocos kilometros de Medina, los musulmanes resultaron victoriosos en un principio y los CoraichÃes comenzaron a huir. En este punto crÃtico, los arqueros que el Mensajero de Allah habÃa colocado en el paso de Aynayn abandonaron sus posiciones, a pesar de la orden del Profeta, y persiguieron al enemigo. Jalid ibn Walid, el comandante de la caballerÃa enemiga, aprovechó esta oportunidad para sorprender a los musulmanes por la retaguardia.En consecuencia, los musulmanes retrocedieron. Figuras notables como Hamza, Musab ibn Umayr, Abdallah ibn Yahsh y Anas ibn Nadr fueron martirizadas. Incluso el Profeta resultó dañado. Anotemos aquà que durante la batalla, el Mensajero de Allah, el Profeta del perdón y la misericordia, que fue enviado como misericordia para la creación, levantó las manos hacia Allah y, mientras sangraba profusamente, pidió que el enemigo fuera perdonado: “¡Señor MÃo! ¡Perdona a mi gente, ya que ellos no saben”.[1] Anas ibn Nadr era el tÃo de Anas ibn Malik, el siervo del Mensajero de Allah. Aunque habÃa jurado lealtad al Profeta en Aqaba antes de emigrar a Medina, por alguna razón no habÃa luchado en Badr. Se arrepintió de esto diciéndole a Muhammad: “¡Mensajero de Allah! Si Allah nos permite enfrentarnos una vez más a ellos, verán qué sufrimientos les inferiré!” Él luchó sin miedo en Uhud, sobre todo cuando los musulmanes retrocedieron. Justo antes de ser martirizado”, le dijo a Sad ibn Muadh, sonriéndole: “Juro por Allah que siento el olor del ParaÃso detrás de Uhud”. El Corán ensalza en el mencionado versÃculo (33:23) a los mártires que cumplieron su promesa a Allah de seguir a Su Mensajero, asà como a otros que esperan el martirio, para mostrar que eran fieles a su palabra. No son los únicos ensalzados aquÃ; se menciona a todos aquellos que cumplieron con su palabra. El Mensajero de Allah era conocido como una persona veraz incluso antes del Islam. Los mequÃes (habitantes de La Meca), hasta los incrédulos, le llamaron Al-Amin (que dice la verdad, el Veraz). Incluso sus enemigos nunca lo acusaron de mentir tras proclamar él su ProfecÃa. Después del Tratado de Hudaybiya (6 H)[2], el Mensajero de Allah envió cartas a los soberanos de los paÃses vecinos. El Emperador de Bizancio recibió la suya en Siria cuando una caravana comercial de mequÃes, dirigida por Abu Sufyan estaba en el área de Damasco. El Emperador llamó a éste y tuvo lugar la siguiente conversación: -¿Son sus seguidores de la élite o de los pobres? Las respuestas de Abu Sufyan, que era entonces enemigo implacable del Islam, hicieron que el Emperador reconociera la posición de Muhammad: “Es inconcebible para quien nunca ha dicho nada falso en toda su vida, inventara mentiras contra Allah”.[3] ¡Cuánta razón tenÃa! ¿Por qué un creyente que nunca habÃa dicho una mentira, ni en broma, de repente comenzarÃa a decirlas, sobre todo contra Allah, cuando tiene cuarenta años y está cerca de la tumba? Los mequÃes convinieron unánimemente en que el Mensajero de Allah era una persona veraz. Una vez, antes de su conversión, Yasir preguntó a su hijo Ammar a dónde iba. Ammar dijo que iba a ver a Muhammad. Estando totalmente satisfecho con la seguridad de su hijo mientras estaba con Muhammad, él contestó: “Muhammad es una persona digna de confianza. Los mequÃes lo reconocen asÃ. Si él reclama la ProfecÃa, debe de decir la verdad, ya que nadie le ha oÃdo nunca decir una mentira”. El Mensajero de Allah siempre animaba a la veracidad, como puede desprenderse de sus palabras anotadas en los siguientes hadices: · Prometedme seis cosas y os aseguraré el ParaÃso: Decid la verdad, cumplid vuestras promesas, permaneced (sexualmente) castos, no miréis lo que está prohibido y evitadlo.[4] Debido a su veracidad, el Mensajero de Allah se elevó a un nivel tan alto que su proximidad a Allah es expresada metafóricamente en el Corán asÃ: Luego, se acercó y quedó suspendido en el aire, estaba a dos medidas de Arca o incluso menos (53:8-9). La veracidad siempre trae la salvación, aunque esto cause la muerte de alguien. Morimos debido a la veracidad tan sólo una vez, mientras que cada mentira que decimos es una clase diferente de muerte. Uno de los mejores ejemplos de esto es el caso de Kab ibn Malik, un poeta famoso que juró lealtad al Mensajero de Allah en Aqaba. Aunque él habÃa participado en casi todas las batallas, se ausentó en la campaña de Tabuk sin una excusa justificable. La campaña de Tabuk fue muy difÃcil. Ocurrió en pleno verano y, lo que es más, contra el Imperio Romano. Aunque el Mensajero de Allah siempre guardaba en secreto el destino de tales campañas, esta vez lo anunció y quiso que cada creyente participara. Kab hizo sus preparativos, pero, en el último momento, una inusitada negligencia le impidió unirse al ejército. Cuando el Mensajero de Allah volvió de la campaña, preguntó a aquellos que no habÃan luchado por qué se habÃan quedado en sus casas. Los Hipócritas mintieron y pusieron excusas, pero Kab, como no podÃa mentir, dijo la verdad. El Mensajero de Allah le dijo que se marchara. A partir de entonces, Kab y otros dos creyentes que habÃan cometido el mismo acto fueron marginados. Según la orden del Mensajero de Allah, ningún musulmán se encontró con ellos ni les habló. Ellos se arrepintieron públicamente, suplicando a Allah el perdón, durante cincuenta dÃas. Después, fue revelado esto: Y los tres que fueron dejados atrás hasta que la tierra, a pesar de su vastedad, les resultó angosta, y sus espÃritus se angustiaron también, y creyeron que no habÃa más refugio contra Allah que Él mismo. Luego, se volvió a ellos para que se arrepintieran. Allah es el Indulgente, el Misericordioso (9:118). Después de esta Revelación, Kab ibn Malik contó al Mensajero: “Por decir la verdad caà en desgracia pero fui perdonado por lo mismo. Prometo seguir diciendo la verdad mientras viva”.[8] La veracidad es el eje de la ProfecÃa. No podÃa ser de otra manera, ya que si un Profeta mintiera, todo lo relacionado con la Religión Divina estarÃa desprestigiado. Basta una sola mentira para poner una misión en duda. Por eso Allah declara: Si-Muhammad-Nos hubiera atribuido mentiras, le habrÃamos cogido con firmeza; luego, le habrÃamos seccionado la aorta, y ninguno de vosotros habrÃa podido impedirlo (69:44-47). El Profeta nunca mintió ni rompió su promesa ni antes ni durante su ProfecÃa. Un Compañero recordaba: “Antes de su ProfecÃa, quedamos en encontrarnos en algún lugar. Pasaron, sin embargo, 3 dÃas desde la hora de la cita y entonces la recordé. Cuando me apresuré al lugar del encuentro reconocà al Profeta, allà estaba todavÃa esperando por mà ni enfadado ni furioso conmigo. Su única reacción fue decir: ‘Bueno, joven, me has ocasionado algunos problemas, he estado esperando por ti durante 3 dÃas’”. [1] Muslim, “Yihad,” 101; Bujari, “Anbiya,” 54. [2] 6 años después de la Hégira. [3] Bujari, Bad’u al-Wahy, 6. [4] Ibn Hanbal, 5:323. [5] Tirmizi, “Qiyamah” 60; Ibn Hanbal, 1:200. [6] Hindi, Kanz al-Ummal, 3:344. [7] Bujari, “Adab,” 69; Muslim, “Birr,” 105; Abu David, “Adab,” 80. [8] Bujari, “Maghazi” 79; Muslim, “Tauba” 53. |
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