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El Bendito Nacimiento Imprimir E-Mail
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escrito por Fethullah Gülen   
jueves, 30 de marzo de 2006

El nacimiento del Profeta Muhammad, el Orgullo de la Humanidad —la paz y las bendiciones de Dios estén con él—, puede ser vislumbrado como el renacimiento de toda la humanidad. Hasta el día en que el Profeta honró este mundo, no era posible distinguir el bien del mal, el día de la noche o la rosa de la espina. Era como si el mundo fuera la morada del luto universal y el cosmos se hallaba perdido en el caos. Gracias a la luz que él proyectó sobre la existencia, la oscuridad se separó de la luz, la noche se tiñó de día y el universo fue transformado en un libro que era legible palabra por palabra, frase por frase, y sección por sección. El cosmos entero se había sometido en cierto modo a un renacimiento y casi había alcanzado su valor real.

Su llegada al mundo honrando a toda la creación es un fenómeno universal y el más grandioso acontecimiento tanto para la Tierra como para los Cielos. Hasta el día que él restableció el orden divino, interpretó el significado más allá del velo de existencia, y propuso nuevos comentarios acerca del cosmos, la existencia en su conjunto no tenía sentido, carecía de alma, fragmentada, con cada parte ajena la una a la otra. Las cosas inanimadas eran solamente figuras sin vida en un desfile absurdo, mientras que los seres vivos estaban siendo aplastados bajo la rueda dentada de la «selección natural», siendo atrapado cada día en una trampa  mortal diferente. Cada individuo, atrapado en la soledad oscura, era un huérfano y una víctima empobrecida lamentándose de una serie de abandonos. El maleficio de la oscuridad fue inmediatamente roto por la luz que emanó de él; los demonios fueron derrotados y las depravaciones sofocadas. La naturaleza de la creación regresó a su estado original; la devastación fue transformada en restauración, y se zafo del sueño con el fin de instruir para la reparación. Nuestras breves salidas y llegadas en este mundo se han hecho desfiles; cada nacimiento se ha hecho una boda y cada muerte se convirtió en una primera noche.

Desde el día que su brillo comenzó a acariciarnos, la presión de «la extinción eterna» ha sido disipada; las buenas nuevas del reencuentro han llegado de afables tierras a los corazones que laten con la pena de la separación. Gracias a la vida que él insufló en nuestras almas hemos conseguido un conocimiento sobre nuestra realidad y ahora estamos en relación con la naturaleza. Hemos hecho uso de la fuente de virtudes oculta en nuestra esencia y hemos sentido la dimensión de infinidad alojada dentro de la misma. No seríamos capaces de descubrir nuestra profundidad interior, ni percibir tan gozosamente el camino y el destino que transcurre por la tumba hacia la infinidad sin él, como así hacemos ahora. Él es quién vierte el amor y el entusiasmo en nuestros corazones, transmitiendo el brillo a nuestros ojos y preparándonos para este viaje hacia el país de la eternidad.

Antes de que partamos en este misterioso viaje, él es nuestro capitán y cicerone en esta orilla donde esperamos, un guía e intercesor para el destino al cual llegaremos. Tenemos responsabilidades hacia su persona y no podemos permanecer indiferentes a este respecto. Sin embargo, durante siglos no sólo hemos permanecido inmutables, sino que también nos hemos excedido al sobrepasar los límites del respeto hacia su persona y el mensaje que trajo.

De hecho, hemos tratado de poner en escena nuestra unión con él a través de las ceremonias de mawlid; los dulces y el agua de rosas son ofrecidos a los invitados, y a veces lo conmemoramos con canciones e himnos. Sin embargo, estas celebraciones nunca han estado en la proporción debida a su grandiosidad; no se aproximan siquiera a la de sus siervos. ¿No podemos observar el aniversario de este Bendito Nacimiento en unas dimensiones más amplias, de una manera más sincera y seria, por la gracia de su mensaje luminoso?

Nadie desea celebrar o transformar el en una forma autocompasiva el Sagrado Islam en un carnaval festivo, ni tampoco cualquiera tiene poder de hacer algo así. Aún así, ¿por qué no debería el mundo islámico conmemorar su cumpleaños, que es también su cumpleaños así como la salvación de humanidad?

La civilización moderna no existiría sin la civilización islámica, y la civilización islámica no habría aparecido si no fuera por el Profeta y su mensaje.

Si no fuera por el Islam, que apareció con sus colores/características y cualidades sumisas, tolerantes, afables y se hallaba abierto al aprendizaje y a la recompensa por la reflexión, si los eruditos musulmanes no hubieran transferido la cultura greco-latina a Europa, entonces el mundo occidental podría haber permanecido en la Edad Media. No cabe duda de que las matemáticas, la física, la química, la astronomía, la geometría, y la medicina, todas sin distinción, tienen sus orígenes en oriente y una naturaleza compuesta de una aleación con el Islam. La civilización occidental tuvo que esperar seis siglos tras Jesús para poder convertirse en lo que es hoy… ellos esperaron y se encontraron con el Islam, siendo influidos enormemente por éste, tanto que Occidente ha diseñado su futuro bajo esta luz. Aunque Occidente no aceptara los fundamentos del pensamiento islámico, dichos fundamentos han tenido un gran impacto en la construcción de la mentalidad y el pensamiento occidental moderno. Por todo ello podemos decir, como Mehmet Akif—un poeta turco en la época de la República—:

Todo aquello que posee el Mundo es un regalo de él,;
Toda la gente y cada individuo están endeudados con él
Toda la humanidad está endeudada con este inocente;
¡Oh Señor Nuestro! ¡Resucítanos con esta confesión!

Durante siglos no hemos venerado al Profeta en la debida manera que le corresponde y no pudimos celebrar un cumpleaños apropiado, una semana o un mes dedicado únicamente a su bendito nacimiento. Todavía no sería suficiente si observáramos durante años y años, sin embargo, «un rey hace lo que lo esperan y un criado observa su servicio». Por lo tanto, en este aspecto deberíamos poner en práctica lo mejor que podamos hacer, diciendo: « ¡Más vale tarde que nunca!».

Esta es una versión resumida del artículo del autor titulada «Kutlu Dogum» y publicada en primer lugar en la revista Sizinti, en octubre de 1991.

 
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