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escrito por Ali Budak   
27.01.2006
Itiqaf significa retirarse a una mezquita o cualquier otro lugar de devoción con el fin de venerar a Dios y rememorarlo (dhikr) en los diez últimos días del Ramadán.


  El Sagrado Corán menciona este acto religioso en un versículo: «¼no se acerquen a vuestras mujeres mientras estéis retirados en las mezquitas». Existe información en las fuentes de hadiz acerca del hecho que describe que después de la emigración a Medina el Mensajero de Dios solía retirarse a la Mezquita durante los últimos diez días del Ramadán y así lo recomendaba a sus mujeres también. Uno de estos hadices es el siguiente: «En los últimos diez días del Ramadán, el Mensajero de Dios solía pasar la noche rezando en completa devoción a Dios. Despertaba a su familia de modo que pudieran rezar ellos también. Y se esforzaba para rezar más que en cualquier otro tiempo».[1]
Los seres humanos, debido a sus quehaceres diarios de la vida cotidiana, se olvidan del verdadero motivo de su creación. Lo cierto es que cada creyente tiene que reflexionar sobre el sentido y el propósito de la vida. La realización de itiqaf durante los diez últimos días del Ramadán, que es el mes de la piedad y el perdón, provee al creyente una oportunidad para la reflexión. Además, el hecho de que la Noche del Poder (Laylat al-Qadr), que es mejor que mil meses juntos y que acontece asimismo en estos últimos diez días del Ramadán hace de itiqaf aún más importante para los creyentes.
Ataa ibn Abi Rabah, una figura prominente en el Islam, describió al hombre que realiza itiqaf indicando: «El hombre que cumple itiqaf, retirándose a una mezquita, se asemeja a una persona que se sienta en la puerta de un individuo notable y dice: «No me marcharé de aquí hasta que me de lo que quiero». Él toma refugio en el templo de Dios y dice: «No me marcharé de aquí sin que me perdones».
Itiqaf consta de algunas reglas: se debe realizar en los postrimeros diez días del Ramadán y en las mezquitas más virtuosas. Durante este retiro religioso se debe conversar de cosas buenas y agradables. No hay ningún perjuicio al hablar acerca de aquello que no nos dirige a lo ofensivo o lo pecaminoso. Quedarse callado pensando que eso es un acto de veneración no es deseable. Sin embargo, controlar nuestra lengua y no pronunciar cosas pecaminosas e indecentes se considera como un acto devoción muy importante. La persona que hace itiqaf debe continuar leyendo y enseñando el Sagrado Corán, las tradiciones del Profeta, la vida del resto de nobles profetas así como textos de asuntos religiosos. Debe ponerse ropa limpia y emplear olores agradables. La persona que quiere realizar un retiro que incumba a su alma a su vez no sólo debería querer hacerlo de corazón sino también repetir la intención de hacerlo con su habla.
Los efímeros días de la vida disminuyen gradualmente. Por lo tanto, pasar algunos días de esta vida venerando y suplicando al Creador del Universo con nuestro corazón puro y nuestro lenguaje decente es seguramente una bendición.
La persona, al retirarse, es como si hubiese dedicado todo su tiempo a rezar, ya que aunque no realice las oraciones, estando en la mezquita siempre está preparada para realizarlas y estar en este estado de disposición es como el acto de devoción en si.
 El hombre puede ascender espiritualmente a rangos muy altos a través del itiqaf. Su corazón se ilumina y se manifiestan los signos de la veneración y la luz de la servidumbre en su cara.


[1] Bujari, Itiqaf, 1, 6; Muslim, Itiqaf, 2, 7; Tirmizi, Sawm, 71.

 
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