Menu Principal
| El Profeta esperado |
|
|
| escrito por Fethullah Gülen | |
| lunes, 26 de diciembre de 2005 | |
La Sagradas Escrituras y los Salmos. Un Compañero una vez le pidió al Mensajero de Allah que hablara sobre sà mismo. Él dijo: “Yo soy aquel para el que Abraham hizo el salat y de quien Jesús transmitió buenas nuevas”.[1] A esto se refieren los siguientes versÃculos coránicos:
(Abraham suplicó): “¡Señor Nuestro! ¡Eleva un Mensajero de entre ellos que les recite Tus mensajes y les enseñe el Libro y la sabidurÃa, y les purifique! Ciertamente eres el Poderoso, el Sabio” (2:129). Se esperaba al Mensajero de Allah. Todos los Profetas precedentes hablaron de él y predijeron su llegada. El Corán (3:81) expresamente declara que Allah hizo un pacto con los Profetas en el que ellos prometÃan creer y ayudar al Mensajero que vendrÃa después y que confirmarÃa el Mensaje que ellos habÃan traÃdo.[2] Aunque distorsionadas y alteradas, las versiones actuales de las Escrituras, el Evangelio y los Salmos todavÃa contienen versÃculos que aluden al Profeta Muhammad. El difunto Husain Jisri encontró ciento catorce de tales alusiones y las citó en su Risalat al-Hamidiya. Citamos unos ejemplos aquÃ, comenzando con: “El Señor vino del Sinaà y amaneció sobre ellos desde Seir; Él brilló desde el Monte Paran” (Deuteronomio 33:2). Esto se refiere, respectivamente, a la profecÃa de Moisés, Jesús y Muhammad. El Sinaà es el lugar donde el Profeta Moisés habló con Allah y recibió las Escrituras. El Seir, una franja de Palestina, es donde el Profeta Jesús recibió la Revelación Divina. El Paran es el sitio en el que Allah se manifestó a la humanidad por última vez a traves de Su Revelación al Profeta Muhammad. Paran es una sierra en La Meca. Es mencionada en las Escrituras (Génesis 21:19-21) como el área del desierto en donde Hayar fue abandonada por su marido Abraham para vivir con su hijo Ismael. El pozo de Zamzam también está localizado allÃ. Como se indica en el Corán (14:35-37), Abraham abandonó a Hayar e Ismael en el valle de La Meca, que era entonces un lugar deshabitado entre las sierras de Paran. Debido a tales predicciones evidentes en las Escrituras, los judÃos esperaban al Último Profeta y sabÃan que aparecerÃa en La Meca. El versÃculo del Deuteronomio, según la versión árabe publicada en Londres (1944), sigue: Él vino con gran número de santos; en su mano derecha habÃa un hacha de fuego de dos filos. Esto se refiere al Profeta prometido, que tendrÃa muchos Compañeros con el más alto grado de la santidad y al que le serÃa permitido, e incluso ordenado, luchar contra sus enemigos. El Señor me dijo (a Moisés): “Es cierto lo que han dicho. Levantaré un Profeta entre sus hermanos, como tú; y pondré mis palabras en su boca, y él les hablará de todo lo que yo le mande. Mas a cualquiera que no oyera las palabras que él les diga en mi nombre, yo le pediré cuentas” (Deuteronomio 18:17-19). Está claro en estos versos que un Profeta como tú en medio de sus hermanos significa un Profeta de la descendencia de Ismael, ya que Ismael es el hermano de Isaac, el antepasado del pueblo de Israel. El único Profeta que vino después de Moisés y se pareció a él en muchos aspectos (p.ej., trayendo una nueva ley y haciendo la guerra contra sus enemigos) es el Profeta Muhammad. El Corán señala a este: Os hemos mandado un Mensajero, testigo contra vosotros, como antes habÃamos mandado un mensajero a Faraón (73:15). Abdallah ibn Amr, un asceta al que el Profeta recomendó que no dejara de dormir con su esposa y que ayunara sólo un dÃa sà y un dÃa no, transmitió que habÃa dicho: “Todo el mundo en las religiones anteriores sabe que Allah enviarÃa un Profeta a la humanidad como portador de nuevas noticias y advertidor”. Leà personalmente en las Escrituras estos versÃculos sobre él: ¡Profeta! Te hemos enviado a la humanidad como portador de buenas nuevas, como apoyo y refugio para la gente común y corriente, aquel que les previene. Eres Mi criado y Mensajero. Le he llamado Mutawakkil–el que deposita su confianza en Allah-. Él no es un grosero, un petulante ni una persona enojada, tampoco grita en las calles. No repele el mal con el mal; por el contrario, disculpa y perdona. Allah no lo hará morir antes de que él dirija la nación desviada al camino recto declarando que no hay más dios que Allah.[3] Este informe fue confirmado por Abdallah ibn Salam y Kab Al-Ajbar, los eruditos más cultos de la comunidad judÃa en la época del Profeta. Después se convirtieron al Islam. También leemos sobre Muhammad en los Salmos de David: Dominará de mar a mar desde el rÃo hasta los confines de la tierra. Ante él se postrarán los moradores del desierto, Y sus enemigos lamerán el polvo. Los reyes de Tarsis y de las costas traerán presentes; Los reyes de Saba y de Seba ofrecerán dones. Todos los reyes se postrarán ante él; Todas las naciones le servirán, porque él librará al menesteroso que clame, y al afligido que no tenga quien le socorra. Tendrá misericordia del pobre y del menesteroso, y salvará la vida de los pobres. De engaño y de violencia redimirá sus almas, Y la sangre de ellos será preciosa ante sus ojos. Vivirá, y se le dará del oro de Saba, y se orará por él continuamente. Todo el dÃa se le bendecirá. Será echado un puñado de grano en la tierra, en las cumbres de los montes; y se balanceará su fruto sobre la cima, y los de la ciudad florecerán como la hierba de la tierra. Será su nombre para siempre, se perpetuará su nombre mientras dure el sol. Benditas serán en él todas las naciones; Lo llamarán bienaventurado(72:8-17). Los Evangelios. De manera más enérgica y frecuente que cualquier otro Profeta, Jesús dio buenas nuevas sobre Muhammad. En el Evangelio de Juan, Jesús promete su llegada utilizando varios nombres: Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Paraklit no vendrÃa a vosotros; mas si me fuera, os lo enviara. Y cuando él venga, convencerá al mundo de la culpa de los pecados, de la justicia y del juicio (Juan, 16:7-8). AquÃ, el Profeta Muhammad se menciona como el Paraklit. Esta palabra griega significa “el que distingue la Verdad de la Falsedad”. Los comentaristas cristianos le han dado varios significados, como el Consejero (Gideons International), Ayudante (American Bible Society), o Consolador (i.e. Company of the Holy Bible), y afirman que es una alusión al EspÃritu Santo. Pero nunca han podido establecer si el EspÃritu Santo descendió después de Jesús e hizo lo que dijo Jesús que harÃa. Si, según los cristianos, el EspÃritu Santo es el Arcángel Gabriel, él vino de hecho muchas veces hasta el Profeta Muhammad para llevarle las Revelaciones Divinas. Además, Jesús mencionó y predijo al Paraklit con otros nombres, pero con la misma función: Cuando venga Paraklit, el EspÃritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mà (Juan 15:26). ¿Quién ha venido después de Jesús sino el Profeta Muhammad, como Consolador que ha confortado a tantos seres humanos ayudándoles a afrontar su miedo a la muerte, sus preocupaciones sobre el futuro y las enfermedades espirituales? Como Ayudante, ¿quién ha ayudado a la humanidad a alcanzar la verdadera paz y la felicidad en ambos mundos? Como PrÃncipe del mundo, ¿quién ha gobernado casi la mitad del mundo durante catorce siglos y se ha convertido en el ser más querido de millones de personas? Como EspÃritu de verdad, ¿quién ha atestiguado a Jesús, le trajo la gloria reafirmando su ProfecÃa contra el desmentido de los judÃos y la falsa deificación de los cristianos y restaurando su religión en su pureza prÃstina por el Libro revelado a él? Aunque Jesús y otros Profetas predijeron la llegada de Muhammad, y mientras casi todos los cristianos de Oriente Medio creyeron en él y se hicieron musulmanes unas décadas después de su muerte, ¿qué defectos le atribuyen los cristianos occidentales al Profeta Muhammad, persistiendo en negarlo? Mevlana Jalaluddin Rumi, un gran santo sufi, expresa en la estrofa siguiente las nuevas noticias encontradas en el Evangelio sobre el Profeta Muhammad: En el Evangelio Mustafa-Muhammad-es mencionado con todos sus atributos. El misterio de todos los Profetas está en él; él es un portador de felicidad. El Evangelio lo menciona con su forma y rasgos externos, y también con sus virtudes personales y cualidades proféticas. El Antiguo y Nuevo Testamentos, a pesar de la autenticidad discutible de sus versiones actuales, todavÃa contienen referencias al Profeta Muhammad. Hemos citado algunas de éstas. Si un dÃa las copias originales o las menos alteradas de las Sagradas Escrituras y del Evangelio fueran descubiertas, contendrÃan referencias explÃcitas al Último Mensajero. Esto se puede deducir de las Sunna que dicen que el cristianismo será purificado de sus elementos accesorios.[4] Muchos otros esperaron al Profeta. Debido a las numerosas predicciones de su llegada, todo el mundo esperaba al Profeta Muhammad. En aquella etápa oscura de la historia de la humanidad, ésta esperaba a alguien que destruirÃa la incredulidad y reanimarÃa al mundo. El JudaÃsmo y el cristianismo, siendo religiones reveladas por Allah en su origen, no tenÃan nada más que ofrecer. Aquellos que habÃan estudiado los antiguos libros sin prejuicios, en particular el monje Bahira, esperaban su venida. Muchos en La Meca también lo esperaban. Una de las personas más destacadas era Zaid Ibn Amr, el tÃo de Omar ibn al-Jattab. Él habÃa rechazado la idolatrÃa, habÃa vivido una existencia pura y solÃa dirigirse a la gente asÃ: “No hay ningún bien para vosotros en los Ãdolos que adoráis. Yo sé de una religión que pronto será enseñada y extendida. Será proclamada no más tarde que unos cuantos años a partir de hoy, pero no sé si viviré bastante para dar fe de ello”. Según Amr ibn Rabia, Zayd dio una descripción detallada del Profeta esperado: Espero a un Profeta que está a punto de venir. Aparecerá entre los descendientes de Ismael y los nietos de Abd al-Muttalib. Es de estatura media, ni demasiado alto ni demasiado bajo. Su pelo no es rizado ni liso. Se llama Ahmad. Su lugar de nacimiento es La Meca. Su gente lo obligará a dejar su ciudad, y emigrará a Yatrib-Medina-, donde su religión se extenderá. He viajado de un lugar a otro buscando la religión de Abraham. Sin embargo, todos los eruditos judÃos y cristianos con los que he hablado me han aconsejado esperarlo. Él es el Último Profeta; ningún Profeta vendrá después de él. No podré vivir bastante para verlo, pero he creÃdo en él. Al final de su introducción, Zaid dijo a Amr ibn Rabia: “Si vives tiempo suficiente para verlo, salúdalo de mi parte”. Pasaron años antes de que el Profeta Muhammad declarara su ProfecÃa. Amr ibn Rabia, atestiguando su fe en el Profeta, explicó lo que Zayd le habÃa dicho y le transmitió sus saludos. Muhammad devolvió los saludos y añadió: “Vi a Zayd en el ParaÃso, arrastrando sus ropajes”.[5] Waraqa ibn Nawfal, un erudito cristiano y el primo paterno de Jadiya, estaba entre aquellos que buscaban la verdad. Cuando la primera Revelación llegó, Jadiya contó a Waraqa lo que habÃa pasado. Waraqa le contestó: “Muhammad es un hombre veraz. Lo que él vio es que lo que sucede al comienzo de una ProfecÃa. El que vino hasta él es Gabriel, que también vino hasta Moisés y hasta Jesús. Muhammad será un Profeta. Si vivo lo suficiente para ser testigo de su declaración de ProfecÃa, creeré en él y lo apoyaré”.[6] Uno de aquellos que buscaban al Último Profeta era el judÃo Abdallah ibn Salam. Los judÃos tenÃan tal confianza en él que le llamaron “el erudito y el noble”. Era tan grandioso como los más grandes Compañeros, como Abu Bakr y Omar, y Allah considerarÃa su testimonio en el Corán de tal modo: Di: “¿Qué os parece? Si procede de Allah y vosotros no creéis en él, mientras que un testigo de entre los Hijos de Israel atestigua su conformidad y cree, en tanto que vosotros sois altivos... Allah no dirige a la gente impÃa” (46:10). Este gran Compañero describe cómo encontró al Profeta: Cuando el Mensajero de Allah emigró a Medina, fui a verlo, como hicieron todos los demás. Estaba sentado entre un grupo de gente cuando yo entré, y decÃa: “Dad el alimento a otros y saludadlos”. Su discurso era tan dulce y su rostro tan bonito que me dije: “Juro por Allah que alguien con tal cara no puede mentir.” Sin tardanza declaré mi creencia en él.[7] Los judÃos y los cristianos de aquel tiempo reconocieron al Mensajero de Allah. Como el Corán señala: “Aquellos a quienes hemos dado la Escritura le conocen como conocen a sus propios hijos varones” (2:146). Después de su conversión, Omar preguntó a Abdallah ibn Salam si habÃa reconocido al Mensajero de Allah. “Lo reconocÔ le contestó Ibn Salam, y añadió: “Puedo dudar de mis niños, mi esposa puede haberme engañado, pero no tengo ninguna duda sobre el Mensajero de Allah que es el Último Profeta”.[8] Aunque los judÃos y los cristianos lo reconocieron, una mayorÃa le envidió y, por prejuicio y envidia, no le creyó: Cuando les vino de Allah una Escritura que confirmaba lo que ya tenÃan-antes, pedÃan una victoria contra los que no creÃan-y cuando vino a ellos lo que ya conocÃan, no le prestaron atención. ¡Que la maldición de Allah caiga sobre los incrédulos! (2:89) Después de su conversión, Abdallah ibn Salam dijo al Mensajero de Allah: “¡Mensajero de Allah! Escóndeme tras una esquina y luego convoca a todos los eruditos judÃos de Medina y pregúntales sobre mà y mi padre. Su evaluación será seguramente positiva. Entonces déjame salir para declarar mi conversión”. El Mensajero de Allah aceptó esta sugerencia. Cuando los eruditos judÃos fueron reunidos, el Mensajero de Allah les preguntó qué pensaban de Ibn Salam y su padre. Todos contestaron: “Están entre nuestra gente más culta y noble”. Entonces, el Mensajero de Allah preguntó otra vez: “¿Cómo reaccionarÃais si él me reconociera?” Ellos respondieron: “¡Es imposible que te reconozca!” Entonces salió Ibn Salam y declaró su conversión, con lo cual los eruditos judÃos inmediatamente cambiaron su actitud y contestaron: “Ibn Salam es el más infame de entre nosotros, y a su vez el hijo del más malvado”.[9] El Profeta Muhammad habÃa sido buscado durante siglos. Salman al-Farisi era uno de aquellos buscadores. Al principio era un zoroastra-adorador del fuego-, y habÃa abandonado Irán, su paÃs de nacimiento, por su ardiente deseo de encontrar la verdad eterna. Antes de abrazar el Islam, trabajó para varios monjes cristianos, y fue el último de ellos el que le aconsejó en su lecho de muerte: Hijo, no queda nadie a quien te puedas encomendar. Pero, según lo que leemos en nuestros libros, el Último Profeta está a punto de aparecer. Él vendrá con el credo puro de Abraham y aparecerá en el lugar a donde Abraham emigró. Sin embargo, él emigrará a otro lugar y se establecerá allÃ. Hay signos explÃcitos de su ProfecÃa. Por ejemplo, no comerá de la caridad, pero aceptará regalos, y el sello de la ProfecÃa estará entre sus hombros. Ahora dejemos a Salman narrar el resto de su historia: Me puse en camino en una caravana hacia el lugar mencionado por el viejo monje. Cuando llegamos al Wadi al-Qura, me vendieron como esclavo. Al ver jardines de palmeras datileras, pensé que el Profeta emigrarÃa a este lugar. Mientras yo trabajaba allÃ, otro judÃo del Banu Qurayza me compró y me llevó a Medina. Comencé a trabajar en su jardÃn de datileras. Aún no habÃa noticia alguna del Mensajero de Allah. Sin embargo, un dÃa yo recogÃa dátiles cuando un primo de mi dueño judÃo vino apresuradamente hacia mÃ. Me dijo enfadado: “¡Maldito sea! La gente afluye a Kuba. Ha venido un hombre de La Meca que afirma tener la ProfecÃa. Piensan que es un verdadero Profeta”. La gente que sinceramente lo buscó, lo encontró. Quienquiera que lo busque, lo encontrará; mientras que aquellos que permanezcan obstinados y sean gobernados por su an-nafs al-ammara-el “ego” que ordena el mal-se ahogarán en la incredulidad y en la hipocresÃa. Mughira ibn Shuba relata: Un dÃa yo estaba con Abu Yahl en La Meca. El Mensajero de Allah vino y nos invitó a aceptar el Islam. Abu Yahl le respondió: “Si tú haces que declaremos ante Allah en el otro mundo que tú has llevado a cabo tu misión profética, lo haremos. ¡Dejanoslo a nosotros!” Cuando el Mensajero de Allah nos abandonó, pregunté a Abu Yahl si él habÃa aceptado la ProfecÃa de Muhammad. Él dijo que lo habÃa hecho, y luego añadió: “Sé que él es realmente un Profeta. Sin embargo, competimos con los hachemitas en todo. Ellos han estado jactándose de proveer de alimento y agua a los peregrinos. Ahora si comienzan a jactarse de tener un Profeta, no seré capaz de soportarlo en absoluto”.[11] Esto es tÃpico de los pensamientos mantenidos por los Abu Yahls del pasado y del presente. La gente inteligente que no tiene prejuicios y cuya fuerza de voluntad no está paralizada, no puede por menos que creer en el Islam y el Mensajero de Allah. En cuanto a esto, Allah dice a Su Santo Mensajero: Ya sabemos que lo que dicen te entristece. No es a ti a quien desmienten, sino que, más bien, lo que los impÃos rechazan son los signos de Allah (6:33). ¿Cómo habrÃan podido acusarlo de mentir a él, que era conocido por todos como al-Amin (el veraz)? El testimonio de uno de sus enemigos implacables, Utba ibn Abi Rabi'a, demuestra que hasta sus enemigos admitÃan su veracidad. Los lÃderes de los CoraichÃes se reunieron para acordar cómo prevenir la expansión del Islam. Enviaron a Utba con la esperanza de que él pudiera persuadir al Mensajero de que se retractase. Él preguntó: “¡Muhammad! ¿Quién es mejor, tú o tu padre?” El Mensajero de Allah no le contestó, probablemente porque el silencio es la mejor respuesta a una pregunta tan absurda. Utba siguió: “Si tu padre fue mejor que tú, él no puede haber estado siguiendo la religión que tú predicas ahora. Si, por el contrario, tú eres mejor que tu padre, entonces estoy listo para escuchar lo que tú tienes que decir”. El Mensajero de Allah preguntó: “¿Es esto todo lo que piensas decir?” Utba dijo que sÃ, y se calló. Entonces, el Mensajero de Allah se arrodilló y comenzó a recitar la Sura Al-Fussilat. Cuando llegó al versÃculo 13: Pero si se desvÃan, di: “Os prevengo contra un rayo como el de los aditas y los tamudeos” (41:13), Utba temblaba como si tuviera fiebre. Tuvo que poner su mano sobre los labios del Mensajero de Allah y dijo: “¡Por favor para, por Allah en quien tú crees!” Utba volvió a casa consternado. Los lÃderes de los coraichÃes le esperaban con inquietud. Temiendo que Utba pudiera haber aceptado el Islam, Abu Yahl tocó a su puerta y, cuando fue admitido, se enfadó con Utba diciéndole: “He oÃdo que Muhammad te trató muy generosamente y te dio un festÃn, y a cambio tú creÃste en él. Esto es lo que la gente dice”. Utba le contestó con furia: Tú sabes que no necesito ser recibido con agasajos por él. Soy más rico que todos vosotros. Pero sus palabras me han impresionado. No era una poesÃa, tampoco se parecÃa a las palabras de un adivino. No sabÃa cómo responderle. Él es una persona veraz. Mientras yo escuchaba su recitación, temà que lo que les habÃa pasado a los aditas y los tamudeos pudiera pasarnos a nosotros.[12] Ellos habÃan estado esperando a un Profeta durante mucho tiempo. Cada uno conocÃa el carácter de al-Amin, y nadie lo habÃa oÃdo nunca mentir. Quedaron encantados de su personalidad y de la elocuencia del Corán, pero no pudieron vencer su orgullo y arrogancia, o la envidia y la rivalidad, y proclamar su creencia en él. Tampoco pudieron adaptar sus hábitos y su estilo de vida a su Mensaje. ¿No es esto cierto de aquellos que, conociendo la verdad persisten en la incredulidad? [1] Muttaqi al-Hindi, Kanz al-Ummal, 11:384. [2] Allah concertó un pacto con los profetas: “Cuando venga a vosotros un Mensajero que confirme lo que de Mà hayáis recibido como Escritura y como SabidurÃa, habéis de creer en él y auxiliarle”. Dijo: “¿Estáis dispuestos a aceptar mi alianza con esa condición?” Dijeron: “Estamos dispuestos”. Dijo: “Entonces, ¡sed testigos! Yo también, con vosotros, soy testigo”. [3] Bujari, Buyu, 50; Ibn Hanbal, Musnad, 2:174. [4] Bujari, Enbiya, 49; Muslim, Iman, 244-247. [5] Ibn Kazir, Al-Bidaya, 2:223. [6] Bujari, Bad‘u al-Wahy, 3. [7] Ibn Hanbal, 5:451. [8] Ibn Kazir, Mujtasar Tafsir, 1:140. [9] Bujari, Tafsir, (2), 6. [10] Ibn Hisham, Sira, 1:228-34. [11] Kanz al-Ummal, 14:39-40; Ibn Kazir, 3:83. [12] Ibn Kazir, 3:80-81; Ibn Hisham, 1:313. |
|
| Modificado el ( lunes, 26 de diciembre de 2005 ) |
| < Anterior | Siguiente > |
|---|




