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¿Qué ha dicho el Profeta acerca de la importancia del ayuno? Imprimir E-Mail
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escrito por Ali Budak   
viernes, 27 de enero de 2006
El Mensajero de Dios nos explicó con gran detalle el ayuno a través de sus expresiones radiantes. Aquí vamos a tratar dos hadices del Profeta que hablan de la importancia del ayuno. Según la narración de Abu Hurayra el Mensajero de Dios dijo: «Dios declaró: “Todas las buenas acciones del ser humano son por su bien excepto el ayuno que se observa por Mí, ya que abandona la comida y los deseos carnales tan sólo por Mí. Dos alegrías aguardan al que observa el ayuno, la alegría de romper el ayuno y la del encuentro con su Señor. El aliento del hombre que ayuna es más fragante ante Dios y más placentero que el almizcle perfumado».[1]
El mal aliento del que ayuna es causado por el ayuno. El mismo Profeta expresa que este olor se considerará más placentero y fragante por parte de Dios en el Día del Juicio Final. Existen olores que les gustan a los ángeles, que son almas puras, tales como el olor de las rosas y de otras flores a la hora de cumplir con su deber de servidumbre hacia Dios. En aquellos mundos que nosotros no somos capaces de percibir, los olores fragantes son como la llave de los secretos tesoros. El aliento del que ayuna se considera incluido en estos olores. El motivo de ello es el hecho de que el ayuno sea una oración que establece una relación entre Dios y Su siervo. Por eso, hay que considerar el ayuno en todas sus facetas y no por el mero olor de aliento.
En otro hadiz narrado por Abu Jurayra el Mensajero de Dios dice: «Se debe dar limosna por todo. Y la parte que corresponde al cuerpo es ayunar. El ayuno no es más que la mitad de lo que llamamos paciencia».[2] Y en otro sitio dice: «El ayuno es la mitad de la paciencia además de la limpieza de la fe».[3]
Tener paciencia con el compromiso de las oraciones asignadas por Dios, aguantar las calamidades que vienen de Su parte, no alejarse de su puerta, protegerse de los pecados etc. es la media parte de lo que compone la religión. En el ayuno, por una parte hay paciencia contra los pecados por refrenar los deseos sensuales y por otro lado aguantar el hambre y la sed (especialmente en los días calurosos) es también un acto de entereza. De esta manera, el ayuno conforma la cuarta parte de la religión y es uno de los cuatro principios más importantes del Islam tal y como las oraciones diarias, la limosna prescrita y la peregrinación.
Todos los esfuerzos realizados en el camino de Dios serán recompensados por Él. Es imposible pensar que Él no responda a las buenas acciones de Sus siervos. Pero el ayuno no tiene comparación alguna respecto al grado de la recompensa. Abu Umama dice: «Le pregunté al Mensajero de Dios por alguna acción con la que debía cumplir. Él me contestó: “Observa el ayuno; ya que éste no tiene equivalente”. Yo repetí mi pregunta y él otra vez me contestó: “Observa el ayuno; ya que éste no tiene equivalente”. Volví a preguntar por tercera vez la misma pregunta y su respuesta no cambió: “Observa el ayuno; ya que éste no tiene equivalente”».[4]
En otro hadiz del Profeta, otra vez se menciona la recompensa prevista para el ayuno: «No hay otra oración más valiosa en el sentido de recompensa ante Dios».[5] Y en otros hadices: «A quien el ayuno le impida comer y beber de cosas que desea, Dios lo recompensará con las frutas y bebidas del Cielo».[6] «En el Paraíso existe una puerta llamada Rayyan por la cual sólo pueden pasar los que ayunan».[7] « A aquel que ayuna, en caso de ganarse la vida de manera legal, no se le pedirá cuentas en el Más Allá».[8] «El sueño del que ayuna se considera oración, y su silencio veneración. Sus buenas acciones y bondades se recompensan el doble. Dios acepta sus peticiones y le perdona los pecados».[9]
El ayuno intercederá a favor del que ayuna y le suplicará a Dios: « ¡Dios mío! Yo le impedí comer, beber así como otros placeres durante el día. Por eso acepta mi intercesión por él». Y Dios aceptará la petición del ayuno y dejará que intercediera por aquel que ayunó».[10]


[1] Bujari, Savm, 2; Muslim, Siyam, 152; Tirmizi, Savm, 54; Nasai, Siyam, 41; Ibn Maya, Siyam, 1.

[2] Ibn Maya, Siyam, 44.

[3] Tirmizi, Daavat, 85; Ibn Maya, Siyam, 44; Darimi, Wudu, 2; Ahmad ibn Hanbal, 4:260

[4] Nasai, Siyam, 43.

[5] Nasai, Siyam, 43.

[6] Al-Muttaki, Ali, Kanzu’l-Ummal, 3:328.

[7] Ibn Maya, Siyam, 1.
[8] Al-Muttaki, Ali, Kanzu’l Ummal, 3:328.
[9] Ibid., 3:327.

[10] Munziri, At-Targib wal-Tarhib, 2:84.

 
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