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¿Cómo se practica el ayuno en la Cristiandad? Imprimir E-Mail
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escrito por Ali Budak   
viernes, 27 de enero de 2006
Nos encontramos con los siguientes datos en diversas fuentes de información acerca de los tipos de ayuno realizados por los cristianos —católicos, ortodoxos, protestantes y demás ramas del Cristianismo— a lo largo de la historia.


  Jesús le advirtió lo siguiente a sus apóstoles sobre el ayuno: «Cuando ayunéis, no seáis austeros, como los hipócritas; porque ellos demudan sus rostros para mostrar a los hombres que ayunan; de cierto os digo que ya tienen su recompensa.·Pero tú, cuando ayunes, unge tu cabeza y lava tu rostro,·para no mostrar a los hombres que ayunas, sino a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público».[1]
Jesús antes de su misión profética ayunaba cuarenta días. Aparte de esto, también realizaba el obligatorio ayuno de expiación de los judíos, y él mismo no impuso nuevas normas sobre el ayuno.
También en épocas anteriores los cristianos ayunaban durante el mes de Ramadán, pero cuando la celebración del ayuno coincidía en fechas de ardiente calor veraniego, los sabios y eruditos cristianos se reunieron y acordaron una fecha fija durante la cual se ayunaría—en primavera—, a diferencia del mes de Ramadan, que varía a lo largo de los años celebrándose en diferentes estaciones. Y como una expiación a este cambio le añadieron diez días más y se convirtieron en cuarenta días en total. Más tarde, ya sea por la enfermedad de uno de sus gobernantes o debido a la epidemia que causó la muerte de mucha gente, se le añadieron diez días más y se empezó a ayunar durante cincuenta días. Después se hicieron diversos cambios también en cuanto a la forma de ayunar y se convirtió en una especie de «dieta» o «régimen».
Medio siglo después de la muerte del apóstol Pablo, a finales del S.I d.C. se empezó a observar tendencias que imponían reglas sobre el ayuno. Pero antes se consideraba cuestión de conciencia y fe, y es durante esta época en la que algunos sacerdotes y comunidades eclesiásticas, para oponerse a deseos tanto sexuales como materiales, propusieron una especie de ayuno.
Entre los siglos II y V d.C., las normas del ayuno fueron dispuestas de manera concreta, y la iglesia dio sermones acerca de las reglas del ayuno. En el S.IV d.C. el ayuno se impregna de un contenido vehemente y riguroso, pasando de este modo, de la facilidad y tolerancia a la gravedad y severidad en la práctica del ayuno. En el mismo siglo, una festividad religiosa fue asignada a los dos días de ayuno anteriores a la Navidad, y los ayunos realizados en aquellos días continuaban hasta la noche. A los enfermos que no podían ayunar en esos días mencionados se les permitía ayunar el sábado.
Fue en el S.III d.C. de la historia de la cristiandad en el que se establecieron los días de ayuno pero siempre hubo discusiones en las que no se llegaba a un acuerdo acerca de en que momento del día terminaba el ayuno, mientras algunos decían que en el alba, otros afirmaban que después de anochecer.
El ayuno de cuarenta días no aparece hasta el siglo cuarto. Los preceptos y costumbres del ayuno se diferencian dependiendo de los países en los que se practica. Por ejemplo, el ayuno realizado en Roma era diferente que el ayuno practicado en Alejandría. En ciertos lugares no comían carne de ningún tipo de animal, mientras que en otros sólo se alimentaban de pescado o carne de pájaro, e incluso había ciertas comunidades que se abstienen de comer huevos y frutas, o nada en absoluto.
Después de la Reforma, la Iglesia Anglicana estableció los días de ayuno, pero no propuso ninguna regla a seguir para aquellos que ayunaban, y lo dejó a la conciencia y la responsabilidad de las personas.[2]
En la actualidad, en cuanto a los días de ayuno para la Iglesia Católica, estos son el miercoles de ceniza, en tiempo de cuaresma (entre marzo y abril) y el viernes santo, siendo obligatorio desde la mayoría de edad hasta los sesenta años de edad. En este sentido, el Código de Derecho Canónico, — aplicable a quienes practican la religión católica y cuya última versión fue promulgada por Juan Pablo II en enero de 1983—, fija los días y tiempos penitenciales e instituye la obligación para todos fieles de hacer penitencia a su modo.
Entre las prácticas fundamentales de la penitencia fija la observancia del ayuno y la abstinencia, especialmente y como práctica común para todos los fieles, en los días señalados como penitenciales. Y es que según rezan sus cánones, todos los viernes, a no ser que coincidan con una solemnidad, debe guardarse la abstinencia de carne, o de otro alimento que haya determinado la Conferencia Episcopal, si bien se guardará ayuno y abstinencia el miércoles de Ceniza y el Viernes Santo. El ayuno establecido para estos días es un mandamiento de la Iglesia Católica, cuyo no cumplimiento es pecado.


[1] Mateo, 6:16-19

[2] An-Nadwi, Dört Rükun, págs. 203-205.

Modificado el ( viernes, 27 de enero de 2006 )
 
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