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Sura 70 Al-Ma‘ariy (Los escalones del ascenso) | Sura 70 Al-Ma‘ariy (Los escalones del ascenso) |
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| escrito por Ali Ünal | |
| 25.08.2009 | |
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PerÃodo de La Meca Desde los primeros años de la Revelación del Corán en La Meca, esta sura de 44 versÃculos adopta su nombre de la palabra al-ma’ariy («los escalones del ascenso»), que aparece en el tercer versÃculo. El asunto primordial que aborda es el rechazo de la negación de los politeÃstas de La Meca al Más Allá y la Misión Profética de Muhammad, la paz y las bendiciones sean con él. En el Nombre de Dios, el Misericordioso, el Compasivo. 1. Un interpelante (en la burlona negación del DÃa de la Resurrección) ha preguntado sobre el castigo que sobrevendrá con seguridad, 2. (Y está preparado para) los incrédulos; ninguno puede evitarlo (de ellos). 3. (Es) de Dios, de Quien son los escalones del ascenso. 4. Los ángeles y el EspÃritu ascendieron a Él (de ese modo), en un dÃa cuya medida es de cincuenta mil años (de vuestros años normales terrenales)[1]. 5. Por lo tanto (Oh Mensajero) soporta (su insolencia) con una excelente paciencia. 6. Ellos lo contemplan (el castigo) como lejano (mas allá de su razón), 7. Pero Nosotros lo vemos como (que seguro que ocurrirá y) cercano. 8. El DÃa en el que el Cielo sea como metal fundido; 9. Y las montañas sean como copos de lana multicolor. 10. Y ningún amigo leal preguntará por su amigo, 11. Aunque se encontrarán a la vista de cada uno de ellos. Cada criminal incrédulo deseará redimirse del castigo de ese DÃa incluso a expensas de sus hijos, 12. Y su mujer, su hermano, 13. Y todos sus parientes que le acogieron, 14. Y cualquier otro sobre la Tierra, todos ellos, para que pueda salvarse entonces. 15. ¡De ninguna manera! Es un fuego tremendamente llameante, 16. Que desolla la piel. 17. Convocará a sà mismo a aquellos que dan la espalda (a la llamada de la fe) y se apartan (de la veneración de Dios), 18. Y acumulan riqueza y la retienen (para no gastarla en la causa de Dios y para los necesitados). 19. Sin duda el ser humano ha sido creado con una disposición impaciente y ambiciosa[2]. 20. Inquieto cuando el mal le sobreviene; 21. Y mezquino cuando el bien lo visita. 22. Salvo aquellos que están dedicados a la Oración. 23. Y aquellos que son constantes en su Oración. 24. Y aquellos en cuya riqueza se da un derecho reconocido (por parte de ellos), 25. Para aquellos que carecen de otros medios que no sea la mendicidad y aquellos que niegan la ayuda (porque, al tener autoestima, no pueden mendigar y se cree que son prósperos). 26. Y aquellos que afirman como cierto el DÃa del Juicio Final. 27. Y aquellos que son temerosos del castigo de su Señor (y viven en consecuencia). 28. En verdad, el castigo de su Señor es aquél del que nadie jamás puede sentirse seguro. 29. Y aquellos que rigurosamente protegen sus partes pudendas, su castidad y modestia, 30. Excepto de sus cónyuges o (como un permiso para los hombres) aquellas (criadas) a quienes poseen sus diestras, ya que con respecto a ellas están libres de culpa. 31. Pero todo aquel que busque más allá de eso, tales son aquellos que exceden los lÃmites (establecidos por Dios)[3]. 32. Y aquellos que son fieles a sus confianzas (que Dios, la sociedad o un individuo pone a su cargo) y a sus promesas (entre ellos, Dios y otras personas o sociedad); 33. Y aquellos que son defensores (del derecho y la justicia) atestiguando la verdad y sin evitar dar testimonio. 34. Y aquellos que salvaguardan sus Oraciones. 35. Ellos estarán en los Jardines, sumamente honrados. 36. ¿Qué ocurre con los incrédulos que (con la intención de burlarse) se apresuran hacia ti con los ojos fijos en ti, 37. Desde la derecha y desde la izquierda, en multitudes? 38. ¿Acaso cada uno de ellos codicia la admisión en el JardÃn de la generosidad y la bendición (considerándose sumamente merecedor del ParaÃso sin el esfuerzo de la fe)?[4] 39. ¡De ninguna manera! No cabe duda de que les hemos creado de eso (simple materia) que conocen muy bien, 40. Asà que juro por el Señor de los lugares de salida y puesta del sol, que en verdad somos capaces[5], 41. De reemplazarles con (otros) mejores que ellos (con respecto a la fe en Dios y en su veneración para con Él), y no nos veremos impedidos (al hacer lo que haremos). 42. Asà que déjales que se vean inmersos en sus falsedades y distracciones hasta el DÃa que les ha sido prometido. 43. El DÃa cuando salgan de sus tumbas con prisa como si se apresuraran hacia una meta, 44. Con su mirada baja, con la humillación abrumándolos. Ese es el DÃa que les ha sido prometido repetidas veces. [1] «Alcanzar» a Dios requiere atravesar grandes «distancias» y ascender innumerables peldaños. Asà que los escalones del ascenso hacia Dios y la medida del tiempo del dÃa —que es de cincuenta mil años— expresan nuestra distancia de Él a pesar de Su infinita cercanÃa a Nosotros y Su indescriptible «elevación» y transcendencia (véase también la sura 32:5, nota 4). El dÃa también puede referirse al DÃa del Juicio Final. En este caso, su medida sugiere las grandes distancias entre las estaciones de los mundos del Más Allá o ambas, y el espanto y las privaciones que los futuros habitantes del Infierno sufrirán mientras sean llevados a través de estas estaciones y mundos hacia el Infierno. En este caso, una distancia tan grande constituye una gran amenaza. Como se explicó en diversos pasajes de este estudio, los ángeles son obedientes en la transmisión de las órdenes de Dios en todo el Universo. También transmiten la veneración y las funciones vitales de todas las criaturas ante la Presencia de Dios. Por lo tanto, al citar los escalones del ascenso y la medida de un dÃa de cincuenta mil años, el versÃculo puede hacer referencia a este hecho. El EspÃritu mencionado en el versÃculo cuarto es Gabriel u otro ser semejante a un ángel que es de mayor entidad que los ángeles. Según Imam Ghazzali, es un ángel (o un ser semejante a un ángel) a quien Dios emplea para insuflar el espÃritu de un individuo en el cuerpo de dicho individuo. Bediüzzaman Said Nursi mantiene que hay un espÃritu que representa cada cosa, cada ser. Asà que el EspÃritu puede ser el ser responsable de todos los espÃritus. [2] Cada persona posee dos aspectos: uno angelical, puro y espiritual, y el otro está relacionado con los elementos, las plantas y los animales; todas las personas son «hijos del mundo». Hemos sido dotados con lujuria y codicia (por ejemplo, hacia el sexo opuesto, los hijos, ingresos, riqueza y comodidad), la ira y el intelecto. Somos, por naturaleza, falibles, olvidadizos, descuidados, aficionados a pelear, obstinados, egoÃstas, celosos y mucho más. Ya que nuestro libre albedrÃo nos distingue de otros seres conscientes, como los ángeles, estos poderes, facultades y sentimientos aparentemente negativos no están restringidos. Sin embargo, para conseguir la felicidad individual y colectiva en ambos mundos y elevarnos a rangos más elevados de la humanidad, deberÃamos limitar estas facultades según ciertos preceptos y canalizarlas en virtudes. Por ejemplo, la obstinación puede ser canalizada en la resolución de la defensa del derecho y la verdad, y a su vez los celos en la sana rivalidad en pos de llevar a cabo el bien. La impaciencia y la inquietud se pueden canalizar hacia la virtud de permanecer alerta ante el peligro, la preparación preventiva para esto, o la virtud de la prontitud y la firme decisión cuando se da una ocasión y oportunidad para hacer el bien. Nuestra naturaleza humana no es más que nuestra lucha contra los aspectos negativos y/o aparentemente negativos de nuestro carácter, restringiendo o canalizando estos hacia virtudes adquiriendo distinción con nuestras buenas cualidades y convirtiéndonos en buenos siervos devotos de Dios y miembros al servicio de la sociedad. El último Mensajero de Dios, la paz y las bendiciones sean con él, indicó: «Aquellos que son los más perfectos en la fe entre los creyentes son los más perfectos en conducta» (Ibn Hanbal, 2:250); «Un ser humano puede cruzar a través de la buena conducta las distancias que no podrÃa lograr con la veneración y devoción» (al-Hayzami, 8:24). [3] Véase la sura 23, nota 1. [4] Mientras el Mensajero, la paz y las bendiciones sean con él, estaba recitando el Corán en la Kaba, algunos destacados politeÃstas llegaron y se sentaron alrededor de él en cÃrculos separados y lo miraron fijamente con animadversión. Se burlaban de los creyentes, que eran humildes (en la riqueza terrenal y la posición social), y decÃan: «Si hay un ParaÃso y la gente entrará en él, entonces es más apropiado que nosotros, no vosotros, entremos». [5] Estos versÃculos subrayan la absoluta incapacidad de la humanidad ante Dios y Su poder y autoridad absolutos sobre cada punto del espacio y el tiempo junto con todo aquello que sucede en el mismo. |
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| Modificado el ( 25.08.2009 ) |
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